
Tiene 24 años y es la primera mujer navegante de los aviones de transporte Antonov AN-32 de la Fuerza Aérea del Perú. La alférez Cinthya Luján tiene, también, a su cargo el mantenimiento de estas aeronaves en el Grupo Aéreo N 8.
Conversamos con esta joven, cuya única pasión es volar. "En el colegio yo estaba en el intermedio, pero me gustaba colaborar siempre en las marchas y en la banda. Yo quería entrar a una academia premilitar en Chimbote, pero decidí venir a Lima a postular. Primero quise entrar a la Escuela de Suboficiales. Pero hubo un cambio y postulé a la Escuela de Oficiales de la FAP. Ingresé en el 2001", explica la alférez Cinthya Luján. Conversamos en las instalaciones del Grupo Aéreo N 8.
¿Por qué quería ir a la FAP?
Tenía un tío que era oficial asimilado. Él, en todas las vacaciones, me traía a conocer la base de Las Palmas y me incliné hacia esto. Yo quería volar. Me encantaban los aviones. Mi familia me cuenta que yo, de chiquita, decía que quería ser militar.
¿Qué especialidad siguió?
Ingresé para ser piloto. Recibí instrucción militar en el primer año. En el segundo nos mandaron a Pisco a hacer despistaje. Pero no se pudo. Pude manejar el avión, pero no me fue bien en el aterrizaje. Así que me reubicaron en Armas Especialistas, para ser oficial de mantenimiento. Así terminé mi cuarto año de cadete. Después hice el curso de calificación durante un año y, al siguiente, me enviaron nombrada al Grupo Aéreo N° 8.
¿Cuál es su trabajo?
Yo estoy a cargo del departamento de inspecciones. Cada cierto tiempo, los aviones ingresan a inspección para determinar qué componentes hay que cambiar. En esta tarea participa personal de diferentes especialidades: neumática, hidráulica, aviónica, etc. Nosotros recibimos un avión y, en dos días, le hacemos la inspección. Eso hacemos con los aviones Antonov cada 20 horas de vuelo. Puede haber entre 24 y 32 personas trabajando en la aeronave, desde que ingresa hasta el corrido, que hacemos para comprobar que está en perfectas condiciones.
¿Qué piensa de que las chicas puedan acceder a estos trabajos?
Antes, las mujeres no podían ni pensar en ser pilotos. Ser mujer tiene ventajas y desventajas. Los hombres siempre van a sentir que estamos invadiendo su territorio. Pero, poco a poco, creo que se han ido familiarizando con la idea y nos han dado la oportunidad de demostrar que podemos desenvolvernos bien en esas áreas.
¿Hay machismo?
En el Perú somos machistas. Pero yo creo que, por lo menos en la Fuerza Aérea, han sabido dar espacio al personal femenino. Para mí, no ha habido problema. Soy la primera mujer navegante. Tanto en la especialidad como en el Grupo 8, siempre me han dado la oportunidad de hacer lo que sé hacer. No he visto tanto machismo.
¿Cómo así se hizo navegante?
Cuando llegué al Grupo 8, se inició un curso que incluía clases de ingeniería, navegación e instrumentos. Después hicimos un curso práctico con instructores en vuelo. Al cabo de dos meses, salí sola como navegante operativa.El navegante va detrás del piloto y del copiloto.
¿Qué hace?
Desde que el avión despega, el navegante vigila que se siga la ruta. Y guía al piloto por medio del radar, por ejemplo, para evadir nubes peligrosas.
¿Qué peligro hay en una nube?
Puede haber turbulencia. Tampoco es conveniente entrar a una lluvia fuerte. Todo eso se puede evaluar con el radar. Uno también vigila las alas, si es que hace mucho frío, para que no se forme hielo encima de ellas.
¿Cuántos vuelos ha hecho?
Desde el año pasado, 22 vuelos. Una vez me mandaron a un lanzamiento de paracaídas. Nunca había hecho un vuelo de esos. A los paracaidistas los sometieron a gravedades que yo tampoco conocía. Lo hacen para que se habitúen a estar en el avión. Mi tarea, en ese vuelo, era vigilar que llegáramos a las coordenadas de la zona de salto y controlar la apertura de la rampa.
¿Qué proyección tiene?
Es una carrera adicional. Pero mi especialidad original también me ayuda a reconocer los problemas que se puedan presentar en la aeronave.
¿Este trabajo le deja tiempo para su vida privada? ¿Está casada?
Todavía. Soy soltera. Ya me quiere casar (ríe). Todavía no encuentro a la persona. Creo que todo el mundo piensa, en algún momento, en tener una familia. El trabajo no deja mucho tiempo libre, pero es cuestión de saber organizarse.